La Trampa del Lenguaje Palestino-Israelí

 

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Avigail Abarnel, Agosto 19, 2016 Traducido por @IPNOTGlobal

El sábado pasado asistí a una conferencia de un día de duración sobre el colonialismo israelí en Palestina organizado por la Campaña de Solidaridad Escocesa con Palestina (SPSC por sus siglas en Inglés) en Edimburgo. Fue un día emotivo y apasionante. Todos los oradores de la conferencia reconocieron, cada uno a su manera, que hablar sobre los colonos y el colonialismo en Palestina-Israel clarifica y simplifica la narración sobre lo que realmente está sucediendo allí.

Uno de los oradores más conmovedores en la conferencia, Mahmoud Zawahra se centró en la idea de la resistencia y habló sobre las muchas formas en que la resistencia se expresa en la vida cotidiana en Palestina. Al final de su charla, Zawahra nos pidió que apoyásemos la resistencia Palestina no violenta de varias formas. La resistencia es vital para nuestra supervivencia cuando alguien no sólo intenta destruirnos físicamente, sino que intenta borrarnos de la historia y de la memoria colectiva aniquilando nuestro espíritu, cultura, memoria y narración de lo que estamos experimentando. Salí de la conferencia con un fuerte sentido de claridad y urgencia. Me di cuenta de que, junto con nuestros esfuerzos por liberar a los Palestinos del colonialismo israelí mediante el boicot, desinversión y sanciones (BDS) y otros medios, también debemos liberar nuestro lenguaje. De hecho, liberar nuestro lenguaje podría ser la clave para lograr la liberación sobre el terreno. Con el fin de movilizar la oposición a Israel y poner nuestro pie colectivo de una vez por todas, tenemos que deshacernos de los eufemismos y el lenguaje falso y llamar a lo que Israel hace con su nombre real, “colonialismo-colonizador”

En mis escritos y conversaciones he estado evitando las palabras ‘ocupación’, ‘conflicto’ y ‘paz’. Estas palabras en el contexto de Palestina-Israel se han sentido durante mucho tiempo falsas y engañosas. Los israelíes que son más comprensivos con la causa Palestina usan estas palabras extensamente, e incluso los Israelíes Sionistas convencionales conviven con ellas razonablemente cómodos. Fuera de Israel, la gran mayoría de los analistas y comentaristas utilizan estas palabras con frecuencia. Están siempre presentes en títulos y contenidos de artículos, incluso de pensadores progresistas, y en las narrativas verbales utilizadas en los informes de los medios de comunicación.

«Ocupación», «conflicto» y «paz» son palabras paralizantes que nos alejan de la «escena del crimen» y nos envían a una misión imposible de búsqueda salvaje tras las «conversaciones de paz» – otra frase ficticia y fraudulenta en la realidad de Palestina-Israel. Cuando usamos nuestro lenguaje para definir los problemas incorrectamente, aplicamos soluciones irrelevantes o erróneas. Estas tres palabras son convenientes y seguras, de hecho, son una herramienta eficaz en las guerras psicológicas y propagandísticas de Israel. En el frente de la propaganda, ayudan a ocultar la realidad tratando de decirnos que estamos tratando con un caso “simple” de ocupación y un conflicto entre dos grupos iguales, y los conflictos terminan cuando hay paz. La palabra “ocupación” también sugiere falsamente que el problema en Palestina-Israel se remonta sólo a 1967.

Como Ilan Pappé nos recordó, las ocupaciones terminan y los conflictos pueden ser resueltos a través de discusiones y negociaciones. Eso es lo que el observador menos informado esperaría cuando oyera estas palabras. Las cosas podrían ser malas en este momento y podría tomar un tiempo, pero porque es una “ocupación” y un “conflicto”, siempre hay esperanza de una resolución “pacífica”. Permitir que la gente crea que es sólo cuestión de tiempo es una táctica importante y eficaz de estancamiento para Israel mientras busca completar su proyecto de colonialismo-colonizador.

En el frente psicológico estas palabras sirven para confundir al público en general dentro y fuera de Israel y paralizar el activismo efectivo. Muchas buenas personas con conciencia social y empatía me han dicho a lo largo de los años que evitan expresar sus sentimientos y opiniones sobre Palestina-Israel porque no sienten que entienden el tema lo suficientemente bien. “Parece tan complicado” es un comentario tan común. Nuestros líderes políticos, en todos los ámbitos políticos de los países más influyentes de Occidente, son intelectualmente perezosos, deshonestos o cobardes. Pero este lenguaje les ayuda reforzar esta parálisis y excusar su falta de voluntad para hacer lo correcto y apoyar al pueblos indígena de Palestina a medida que son gradualmente exprimidos por Israel y expulsados de su propia tierra. Si llamamos a un crimen un crimen, podemos actuar en consecuencia. Pero mientras decimos que es algo más, no tenemos que actuar, o actuamos de una manera irrelevante.

Mucha gente ya sabe que el lenguaje es político. Eso no es una idea nueva. El lenguaje no es sólo una herramienta inocente y neutral para comunicarnos los unos con los otros. La forma en que hablamos de los temas, el lenguaje que usamos, no sólo expresa cómo percibimos la realidad, sino que también puede determinar nuestra percepción de la misma. El lenguaje proporciona los parámetros para la discusión y marca el límite entre lo que se dice y lo que no se puede decir. El lenguaje proporciona una identidad distinta a los grupos y sus ideas, y los distingue de otros grupos e ideas.

A medida que nuestra comprensión de los asuntos se profundiza, también lo hace nuestro lenguaje, y a medida que crece nuestro valor (o frustración), rescatamos lo indecible y lo hacemos decir. Podemos disolver grupos con un cambio de lenguaje, y podemos pasar de un grupo a otro a medida que cambiamos nuestro lenguaje. Escuchar el lenguaje y la terminología nos advierte de la gente “equivocada”, y nos permite saber a quién debemos escuchar y a quién no debemos, es decir, si no queremos encontrarnos al margen de nuestros grupos o completamente por fuera. Existen muchos ejemplos de esto en la manera en que hablamos de Palestina-Israel.

El proyecto colonialista-colonizador israelí no solamente se apropia de la tierra y elimina a sus habitantes existentes. Si quieren vencer a sus víctimas, robar lo que nos les pertenece, salirse con la suya y esquivar el castigo, también deben controlar el lenguaje utilizado para hablar de lo que está sucediendo. Tradicionalmente, las voces y narrativas de los pueblos indígenas han sido más débiles y menos presentes que las de los colonizadores. (Esto podría ser el tema de otro artículo y es probablemente ya el tema de los escritos sobre el colonialismo y el colonialista-colonizador). Si ese no fuera el caso, los indígenas tendrían más éxito en expulsar a los colonizadores coloniales y recuperar lo que les pertenece. Existe una buena razón por la que decimos que la historia está escrita por los vencedores. Pero no es sólo la historia en retrospectiva, es también la narración actual, de momento a momento que es dictada por aquellos que colonizan con sus asentamientos y que son el lado más poderoso en una historia como esta.

En términos de lenguaje y narrativa, Israel ha creado dos trampas eficaces para nosotros. Uno es la “trampa del antisemitismo” y el otro es la “trampa de la especialidad”. Es casi imposible hablar de Palestina-Israel sin preocuparse, o por lo menos mencionar el antisemitismo. Israel ha amarrado con éxito el antisemitismo, tanto para apoyar a los Palestinos como para criticar a Israel. No sólo se nos dice que criticar a Israel es antisemitismo, sino que cualquier persona que apoye a los Palestinos debe de preocuparse de que pueda ser un antisemita. He encontrado esto a través de los años más veces de las que puedo contar. La gente realmente se preocupa por ello, y les impide hablar o expresar sus sentimientos abiertamente. Preocuparnos por el antisemitismo, discutirlo exitosamente ad nauseam, nos distrae y paraliza la lucha por un cambio en la política de Israel, retrasando cualquier acción decisiva en favor de los Palestinos.

La “trampa de especialidad” es aún más insidiosa. La psicología del grupo Judeo-Israelí es muy similar a la psicología de un culto. Una de las características de los cultos es el sentimiento de que son especiales y que todo lo que les rodea, lo que son, lo que creen, lo que hacen, incluso su destino, son especiales. Por otra parte, debido a esta especialidad no pueden ser juzgados o evaluados por las mismas reglas que se aplican a todos los demás. Están efectivamente fuera de las leyes de la sociedad en general. (Sí, los cultos encajan bien bajo la definición de un trastorno narcisista de la personalidad). El Régimen de Israel quiere engañarnos para pensar que lo que le está haciendo Palestina no puede ser juzgado de la misma manera y bajo las mismas reglas que otros proyectos similares. La trampa de la especialidad aquí está diseñada para continuar haciéndonos creer que el pueblo judío y el estado judío son especiales y que los Palestinos también son especiales.

Se espera que pensemos que los judíos que se asentaron y colonizaron en Palestina no son como ningún otro colonialismo-colonizador de la historia y las víctimas, los Palestinos, no son como otras víctimas en la historia. Israel ha trabajado duro para hacernos creer que los Palestinos son personas “malas” que se merecen lo que están recibiendo, o incluso que no son un pueblo en absoluto. La deshumanización de los Palestinos tiene una larga historia que data desde siglo XIX.

Insistir en aplicar el término correcta a lo que el sionismo está haciendo en Palestina es decir, “colonialismo-colonizador”, libera nuestro lenguaje de ambas trampas. Nos libera de la confusión acerca de lo que realmente está pasando, y de dar a Israel una dispensación especial. La ocupación es real sin dudas, pero no es el verdadero problema. Es sólo una herramienta en el proyecto más grande de colonialismo judío-colonizador en Palestina. El mal llamado conflicto es el resultado de la resistencia de un (otro mas) de un pueblo indígena a otro grupo (otro mas) de colonizadores-colonialistas. No hay nada especial sobre el perpetrador y nada especial sobre la víctima. Hablar de colonialismo colonizador es hablar de un crimen contra la humanidad por parte de la humanidad. No es tan complicado.

Tenemos que volver a la misma línea de pensamiento que planteó Hannah Arendt tan impopular en Israel. Cubriendo el juicio de Eichmann en Jerusalén, ella trató de aprender las lecciones universales del holocausto, en lugar de verlo como un caso especial. Quería entender qué puede llevar a la gente común como Eichmann a coludir y facilitar esa perfidia contra sus semejantes. Ella reconoció que esto ocurre todo el tiempo en la experiencia humana. Habló de la banalidad del mal y pidió que se desarrollara un marco más sólido de derecho internacional para cubrir los crímenes contra la humanidad.

Pero Israel odia la idea de que el holocausto es sólo otro genocidio, otro crimen contra la humanidad cometido por la humanidad. Siempre se ha negado a permitir que su propio pueblo y el mundo exterior aprendan de él una lección universal. A los judíos se les ha enseñado a ver el holocausto como un evento único en la historia humana, y a ellos mismos como las víctimas más grandes de la historia humana. Como el historiador Benny Morris dijo en una entrevista con Ari Shavit en Ha’aretz en 2004, “Somos las víctimas más grandes en el transcurso de la historia y también somos la víctima potencial más grande. A pesar de que estamos oprimiendo a los Palestinos, somos el lado más débil aquí. “Los judíos israelíes y muchos judíos de todo el mundo han sido condicionados a creer que todo lo que le sucede a cualquiera más palidece en comparación con lo que les ha sucedido a los judíos. Esto también es conveniente, porque significa que todo lo que se inflige a los Palestinos, por mucho que sufren incluso a manos de Israel, no puede ser tan malo como lo que nos sucedió. Yo solía creer esto en mi pasado, y era una característica de mi propia identidad.

Los Palestinos no tienen ese complejo de que son especiales. Para ellos es un hecho ipso facto que el crimen contra ellos es una injusticia terrible contra seres humanos cometidos por otros seres humanos, independientemente de quienes sean. Muchos Palestinos con los que hablo me preguntan a menudo con verdadera perplejidad por qué les está sucediendo esto. La mayoría de los Palestinos se sienten aturdidos por la falta de acción y de solidaridad del mundo para con ellos y por el apoyo universal a Israel frente ante tal abrumadora evidencia de la naturaleza del crimen contra ellos. 

Si realmente queremos ayudar a los Palestinos, debemos examinar nuestro idioma, y no debemos realizar concesiones. Podemos protestar todo la vida, pero si continuamos usando palabras como “ocupación”, “conflicto” y “paz” simplemente jugamos dentro de las reglas y las trampas que Israel ha creado para nosotros. Para resistir un paradigma no podemos operar desde dentro, o corremos el riesgo de ser impotentes e ineficaces.

En la ciencia cuando una teoría no encaja con la realidad empírica, la teoría tiene que cambiar o quedar obsoleta. Es una ciencia nociva y fraudulenta “maquillar” o ignorar la evidencia sólo para mantener una teoría que nos gusta, o que nos sirve de alguna manera. La evidencia empírica sobre el terreno no encaja en una teoría de “ocupación” o de “conflicto”, pero sí encaja perfectamente con el colonialismo de los colonos y está ahí para que todos lo vean.
Israel es un producto de un proyecto colonizador-colonial en curso que comenzó hacia fines del siglo XIX con la creación del movimiento sionista. De hecho, el sionismo es colonizador-colonialista, y cualquiera que apoye el sionismo apoya al colonialismo. Para ser activistas eficaces y acabar con el colonialismo israelí, debemos ser buenos científicos y asegurarnos de que el lenguaje que usamos, nuestra teoría, encaje con la evidencia. Mientras seamos científicos defectuosos, activamente permitimos que un crimen contra la humanidad continúe marchando ininterrumpidamente y con impunidad hasta su terrible conclusión. Esto es imperdonable.

Acerca de Avigail Abarbanel Avigail Abarbanel nació y creció en Israel. Se mudó a Australia en 1991 y ahora vive en el norte de Escocia. Trabaja como psicoterapeuta y supervisora clínica con práctica privada y activista por los derechos de los Palestinos. Es la editora de Beyond Tribal Loyalties: Historias Personales de Activistas Judíos por la Paz (Cambridge Scholars Publishing, 2012)

 

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